De ordinario no resulta fácil ser conscientes de nuestros pensamientos porque se mueven rápidamente, pero podemos comenzar por observar y escuchar lo que decimos. Si te oyes exclamando palabras negativas detente y pregúntate la razón de ser de esas expresiones. La mejor manera de anticipar el futuro es creándolo y la primera creación es mental: la disposición a cambiar.

Es aquí donde se encuentra con la primera gran barrera mental que obstaculiza nuestro desarrollo mental: la resistencia al cambio. Mucha gente se queja de su situación, pero poca está dispuesta a hacer verdaderamente algo por superarla. Los hay quienes quisieran que el cambio se diera desde fuera: que los demás cambiarán su modo de ser y de tratarlas, que los demás tuvieran la iniciativa, que la suerte mejore y la fortuna les sonría. Los hay también quienes quisieran un cambio más barato, menos costoso, que no implicara superar el miedo y desarrollar una voluntad firme. Los hay quienes se conforman con un cambio superficial, cosmético, de imagen y pretenden engañarse a sí mismos y engañar a los demás con su supuesta superación personal. No perciben que el cambio de fondo es un cambio interior, no un cambio que se haya de esperar desde el exterior. Muchas personas destacadas en distintos ámbitos provienen de algún lugar lleno de dolor, sufrimiento y han podido superar sus crisis para llegar a un punto en donde pueden ayudar a otros a liberarse de sí mismos. Esta transformación interior requiere, en primer lugar, detectar patrones ocultos profundamente en nuestro interior para poder corregirlos paulatinamente.

El proceso se inicia cuando nos planteamos de verdad efectuar un cambio en nuestras vidas. Todos queremos terminar con nuestros problemas, pero no queremos hacer lo necesario para lograrlo. El paso más difícil es el primero, porque hay que vencer muchas barreras mentales, muchas suposiciones que usamos para justificar nuestra resistencia.

Para cada uno de nuestros hábitos, para cada experiencia que vivimos una y otra vez, para cada patrón que repetimos, existe una necesidad en nuestro interior que los justifica. Esa necesidad corresponde a algún tipo de pensamiento. Existe algo dentro de nosotros que necesita del exceso de peso, de las malas relaciones, los fracasos, las adicciones, la ira, la pobreza, el abuso o lo que sea, que represente un problema para nosotros. La clave reside en nuestra disposición a liberarnos de esa necesidad. Cuando hablamos de esta necesidad, queremos decir que, de acuerdo con nuestra particular manera de pensar necesitamos obtener ciertos resultados externos y generar ciertas experiencias. Cada uno de esos resultados externos es la expresión natural de un patrón de pensamientos internos. Luchar sólo contra el resultado externo o contra el síntoma constituye una pérdida de energía y a menudo sólo incrementa el problema. En otras palabras, de poco o nada servirá tratar de cambiar nuestros hábitos en la conducta, si no logramos primero generar un cambio en los hábitos de nuestra mente.

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