Los prejuicios y temores de consultar con el psiquiatra no son nada nuevos. Afortunadamente cada vez es mayor la cantidad de pacientes que lo hacen. Unos porque ya han desfilado por casi todas las especialidades médicas y sin encontrar una etiología orgánica a su padecimiento y otros por tener mayor cultura médica y menos prejuicios sociales.

 

La realidad es que los padecimientos del área de la psiquiatría es muy grande y lamentablemente algunos de estos trastornos tienen incidencia y prevalencia muy alta, por ejemplo la depresión y la ansiedad en todas sus modalidades.

 

La depresión, según las más recientes estadísticas de la Organización Mundial de la Salud está entre las tres primeras causas de discapacidad de entre todas las enfermedades y en el caso de las mujeres alcanza ya el primer lugar, calculando en 300 millones en el mundo que la sufren y la mitad de ellas no ha sido diagnosticada o no tiene tratamiento alguno. Los trastornos de ansiedad están entre los primeros 10 padecimientos, siendo el estrés severo el más común.

 

La psiquiatría es una de las especialidades médicas con mayor avance en los últimos años. Las investigaciones del estudio del cerebro son las que más tiempo y dinero han invertido a nivel mundial en los últimos 10 años. Las neurociencias han aportado enormes conocimientos sobre cómo funciona el cerebro y la mente, por ejemplo la consciencia, las emociones y sus alteraciones, sobre el diagnóstico y el tratamiento de las principales enfermedades, etc.

 

Los psiquiatras, además de estudiar medicina, después de 3 ó 4 años de especialidad, frecuentemente estudian de 2 a 5 años más en diferentes postgrados en neurociencias o psicoterapias diversas. Los métodos tradicionales en el diagnóstico y tratamiento han ido perfeccionándose, así como los tratamientos ya no se reducen solamente a la medicación. Cuando se requiere también se usa la psicoterapia y otras técnicas terapéuticas.

 

Es importante que los pacientes no pierdan el tiempo en tratamientos alternativos, que no se menosprecian pero que sí frecuentemente retrasan el adecuado diagnóstico y tratamiento. Por ejemplo, el trastorno bipolar llega a pasar 10 años en diagnosticarlo correctamente hasta que es evaluado por un psiquiatra, debido a que algunos de los síntomas confunden con frecuencia a otros médicos -no psiquiatras- o psicólogos, porque se confunden con estados depresivos o con trastornos de ansiedad o de conducta. No son pocos los pacientes con adicciones de cualquier tipo que en el fondo exista un trastorno afectivo, de ansiedad o bipolar.

 

Es tiempo que la población pueda hacer a un lado los miedos y prejuicios de consultar con un psiquiatra, así como lo hace tranquilamente con el cardiólogo, el neurólogo, etc. La salud mental es tan importante como la salud física, ambas en conjunto integran una salud completa. No se entiende una sin la otra. Existe afortunadamente la posibilidad de tener atención en psiquiatría en las instituciones de salud en el estado, así como quienes no sean derechohabientes, elegir entre una ya aceptable cantidad de psiquiatras. Muchas consecuencias graves como el suicidio, la disfunción familiar y de pareja, las adicciones y en general una mala calidad de vida que por años suelen tener muchos pacientes, puede mejorarse considerablemente si existe la atención oportuna. No quiero decir que la psiquiatría sea la panacea, pero sí puede aportar mucho en la salud mental de nuestra sociedad.                                                                                                  

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